Dios que la llama a una entrega total de sí misma, le muestra el camino en 1839: año en que acoge en su casa a una anciana ciega y abandonada, dándole su propia cama. Este gesto la comprometerá para siempre.
En la persona de otros ancianos, el Señor multiplicará su llamada. En 1843, serán cuatro en torno a Juana y a sus primeras compañeras. Elegida superiora de la pequeña asociación que se encamina hacia una verdadera vida religiosa, pronto será destituida de su cargo. |
Alguien se erige como fundador, relegándola al último lugar. A la injusticia, no responde más que con el silencio y el abandono. Su fe y amor descubren en este acontecimiento el camino de Dios para ella y para su familia religiosa. Juana se dedica enteramente a la colecta para los pobres; gesto de caridad y reparto, básico para la subsistencia de la familia. Desde 1872, el arrinconamiento será total. Ella lo acepta con herocia humildad. |
No será hasta 1902 que la verdad empieza a surgir. Proclamada venerable el 13 de julio de 1979, fue beatificada el 3 de octubre 1982 por el Papa Juan Pablo II y canonizada el 11 de octubre 2009 por el Papa Benedicto XVI. |